Acepte a su hijo como es y no como debería ser.  
         
    Evite compararlo con sus compañeros, amigos, hermanos o primos.  
         
    Háblele en forma positiva.  
         
    No le etiquete : en vez de decirle no seas tonto, dígale que no haga tonterías.  
         
    No le grite.  
         
    Respete a su hijo: escúchele con interés, mírelo cuando le habla, deje lo que está haciendo o dígale que en ese momento no le puede prestar la atención que merece, que espere un momento.  
         
 

  No interfiera cuando esté tratando de resolver él solo un problema. Deje que se equivoque.  
         
    Ante un pedido de permiso explique el porqué sí y el porqué no.  
         
    Demuestre confianza en él, de modo que pueda creer en sí mismo.  
         
    Déle responsabilidades para que tenga oportunidad de desarrollar sus capacidades.  
         
    Enfatice sus progresos y habilidades : estimular es más importante que elogiar. El estímulo fomenta la cooperación, el elogio, la recompensa.  
         
    Trátelo diferente, según las diferentes edades. Que él pueda ver en hechos concretos que crece.  
         
    Reconozca y valorice sus esfuerzos y no slo sus logros finales.  
         
 

  Comparta su valioso tiempo con su hijo.  
         
    No lo avergüence en público. Si debe corregirlo, hágalo en privado, no delante de amigos o hermanos.  
         
    Revise su propia autoestima, lo que la ha favorecido u obstaculizado.  
         
    Ante su hijo y lejos de él sea siempre veraz y auténtico.  
         
    No le sobreproteja, no lo supla. Ayúdelo. No lo deje hacer cosas que están por encima de su capacidad.