CUENTO: “EL PUENTE  (Ian Welden. Adaptación)

 

 

Había una vez dos pueblos. El Pueblo Amarillo y el Pueblo Azul.

Ambos pueblos vivían en la cima de dos montañas separadas por un gigantesco abismo.

Los niños jugaban e iban al colegio y los jóvenes soñaban y estudiaban y hacían planes para el futuro; y los adultos trabajaban y disfrutaban de sus hijos. ¡Ah! y los viejos hacían lo que les daba la gana, pero especialmente les daban dulces y chocolates a los niños cuando los papás no estaban mirando.

Pero a pesar de la vida tranquila y placentera, había un obstáculo en la felicidad de ambos pueblos. El inmenso abismo que los separaba producía tristeza. No podían visitarse y conocerse, jugar o hacer planes juntos.

A veces algunos jóvenes del Pueblo Azul se acercaban al borde del abismo y gritaban "¡HOOOOLAAAA!

¿CÓOOOOOMO ESTÁIS POR ALLAAAAAAAAÁ? A lo que otros jóvenes del Pueblo Amarillo contestaban>

¡HOOOOOOOOOOLAAAAAAA! ¡ESTAMOS BIEEEEEEEEN!...".

En realidad, los que más querían  juntarse para jugar y conocerse eran los niños. Ellos también se acercaban muy cuidadosamente al abismo y se gritaban:

¡¡¡¡HOOOOOOOOOOOOOOOLAAAAAAAAAAAAAA!!!!

Un día, no se sabe si fueron los niños del Pueblo Amarillo o del Pueblo azul, o ambos a la vez, tuvieron una gran idea: ¡HACER UN PUENTE! Un puente que uniera a ambas montañas para pasar de un lado al otro como si el abismo ya no existiera.

Pero ¿cómo? Parecía un sueño irrealizable...

Dijeron sí en ambos pueblos, y a la vez -y esto es una de las cosas más increíbles de este cuento- decidieron ir a hablar con los mayores y contarles la idea.

Algunos grandes se rieron, otros callaron, y a algunos les brillaron los ojos como nunca antes.

"Sí... un puente..." se decían a sí mismos.

Y comenzaron las ideas a brotar como las flores amarillas y mariposas azules de las montañas.

Primero, cada pueblo eligió una delegación. O sea un pequeño grupo de gente que representara a todos los otros que no eran delegación. Muy simple.

Las delegaciones de ambos pueblos se reunieron al borde del abismo y comenzaron a gritar "¡HOOOLAAAAA! ¡QUEREMOS HACER UN PUEEEEEENTEEEEE! ¿VOSOTROS TAMBIEEEEEEÉN?" "¡SIIIIIIIIIIIIIIIIIIIÍ!!!". Y luego todos los niños de ambos pueblos gritaron juntos "¡VAMOS A HACER UN PUEEEEEEENTE!".

El Pueblo Amarillo y el Pueblo Azul se organizaron en grupos: carpinteros, albañiles, constructores, arquitectos, ingenieros, mano de obra y niños…

Después de tres meses de duro trabajo, el puente fue terminado. Fue a las doce del domingo. Un día de primavera. El sol brillaba amablemente y las montañas estaban llenas de aves y mariposas azules.

Es difícil describir el silencio que se produjo cuando un albañil del Pueblo Azul y un albañil del Pueblo Amarillo pusieron las dos últimas piedras y se dieron la mano.

Todos se miraron asombrados sin decir palabra.

Pero luego vino un estallido de ¡VIVAS! y ¡HURRA HURRA! y la gente de ambos pueblos corrieron a abrazarse por primera vez en su historia.

El puente estaba terminando. Pero algunos observaron que era necesario pintarlo para darle más hermosura y color.

Ahora, queridos lectores, ocurrió una cosa que es muy difícil de relatar. Una cosa que ha ocurrido millones de veces entre nosotros los seres humanos. Creo que nadie ha logrado definir el segundo ese en que seres humanos tranquilos y buena gente se transforman en monstruos.

Creo que lo comprenderéis cuando os diga lo que los habitantes de ambos pueblos se dijeron los unos a los otros:

-El puente debe ser pintado de azul-

-No, el puente debe ser pintado de amarillo-

-El puente debe ser pintado azul porque azul es el color del mar-

- ¡El amarillo es el color del sol! ¡El puente debe ser amarillo!-

-¡MUERAN los amarillos! ¡Vivan los azules!-

-¡MUERTE a los azules! ¡Vivan los amarillos!-

-¡GUERRA!-

-¡MUERTE Y GUERRA CONTRA LOS ENEMIGOS!-

Y las tres horribles palabras fueron gritadas: MUERTE, GUERRA, ENEMIGO.

Ambos pueblos se retiraron rápidamente a sus respectivas montañas. El puente quedó desierto y el sol despareció entre nubes grises. Las flores se marchitaron y las aves y mariposas desaparecieron.

Los niños se llevaron a sus mayores con los ojos tristes y llenos de lágrimas.

Los adultos y los jóvenes se fueron a sus casas. Algunos cabizbajos y otros con las manos en alto gritando las tres palabras terribles.

La noche cayó sobre ambos pueblos.

Esa noche se reunieron los monstruos que eran una minoría, y establecieron una Junta Bélica, o sea, los que iban a dirigir y dar las órdenes de la guerra a punto de estallar.

Los habitantes de los pueblos debían aceptar las órdenes de la Junta Bélica bajo pena de muerte.

Y así se fueron inventando las siguientes armas: lanzas de palo, arcos y flechas, catapultas, flechas de fuego, mosquetes y balas, pistolas y balas de plomo, aviones, rifles a repetición, granadas, rifles y pistolas automáticas, ametralladoras, ametralladoras automáticas, armas nucleares…

Todos estos armamentos fueron arrojados sobre los pueblos amarillo y azul. Murieron muchas personas. Las casas y edificios, sus hermosas plazas y colegios y hospitales quedaron arruinados.

Y El Puente, el puente había desaparecido.

La gente estaba exhausta, atemorizada y hambrienta. Y no sabían qué hacer. Las Juntas Bélicas de ambos pueblos aceptaron la derrota y el desastre. Y volvieron a sus rostros pinceladas humanas.

Los niños tuvieron una idea nuevamente.

Construir el puente de nuevo y pintarlo amarillo y azul. Los adultos, ya exhaustos e incrédulos solo decían "mmm, es que.... no sé..." Pero unos pocos, en ambos pueblos se reorganizaron e hicieron una nueva delegación.

El puente después de muchos años de duro trabajo, unió una vez más al Pueblo Amarillo y al Pueblo Azul. Y volvió a reinar la alegría en ambos pueblos.

Dos pintores, uno con un traje azul y el otro con un traje amarillo, comenzaron a pintar cada uno desde su lado.

Cuando llegaron a la mitad del puente, se confundieron porque no estaba muy claro si la mitad era azul o amarilla.

"¡Es azul!" dijo el pintor azul.

"¡No! ¡Es amarilla!" dijo el pintor amarillo.

Uno le pegó un brochazo al otro y se armó una escaramuza de brochazos y pinturas y los ojos y bocas y manos de algunos habitantes se pusieron tensos y duros nuevamente. Incluso se escucharon los gritos de siempre: GUERRA, MUERTE, ENEMIGO.

Pero los niños de ambos pueblos corrieron a la mitad del puente, echaron a los pintores y lo que hicieron fue ¡increíble! Mezclaron la pintura amarilla con la azul y produjeron pintura verde.

Todos, o algunos, sabemos que los colores amarillo y azul produce el color verde. Y todos sabemos que el color verde es el color de la paz y de la amistad.

El puente fue pintado entero de verde. Los pueblos se reconciliaron una vez más, aprendieron de ese error, y supieron vivir siempre en paz hasta el día de hoy.