Dile con frecuencia a tu hijo que le quieres, pero no vincules ese afecto con la evitación de responsabilidades por su parte.

 
         
    Imponle unas normas y unos límites y no cedas a cambio de mimos por su parte. Tiene que aprender que el cariño no está reñido con la presencia de normas.  
         
    Fomenta su autonomía invitándole a hacer cosas por sí mismo, aunque al principio le cueste. Será la mejor manera de que aprenda que poco a poco tendrá que ir realizándolas él solito, sin la ayuda de nadie.  
         
    Motívales para que, a pesar de los inconvenientes, siga esforzándose por conseguir las cosas sin tu ayuda.  
         
   

No acudas en su ayuda a la menor dificultad. Aprende a esperar y aguanta las ganas de socorrerle. Si lo haces de este modo verás cómo finalmente él solo terminará lográndolo.

 
         
    No le des las cosas que pide sólo porque insiste mucho o porque estás cansado de oírle. Si lo haces, le estarás enseñando un modo anómalo de conseguir lo que quiere de forma arbitraria. Nunca lo hagas si la petición viene precedida de una rabieta.  
         
    No consientas que te amenace o te pegue por no darle algo que desea, pues si lo haces estarás a su merced y después será mucho más complicado cambiar ese modo de proceder.  
         
    No te chantajees tú a él ofreciéndole cosas a cambio de mimos o caricias " Si me das un beso te compro..."  
         
    No atiendas a un niño que pide las cosas llorando o con voz melosa o lastimera; anímale a que te lo pida sin dramas.  
         
    Procura no interferir en la resolución de problemas con otros niños, a no ser que veas que el tuyo está en franca desventaja.  
         
    No dramatices ni exageres a la hora de calificar una posible eventualidad, como una caída, una pelea, u otra contrariedad. Al contrario, quítale importancia para que el niño se acostumbre a no quejarse por pequeñas cosas y a desdramatizar los inconvenientes cotidianos.  
         
   

Nunca rivalices con tu pareja delante del niño por su afecto, ni le quites autoridad si ha puesto un límite o una norma.

 
         
     

SI ESTÁ MIMADO EN EXCESO :

 
         
   

Define qué normas vas a implantar a partir de ahora para que llegado el momento, no flaqueen tus fuerzas ante la presencia del niño. Discútelas con tu pareja para que no haya fisuras.

 
         
   

Muéstrate firme desde ese momento, en cuanto al cumplimiento de normas aunque el niño te haga carantoñas para zafarse de ellas. Dile que le quieres pero que debe cumplir lo acordado.

 
         
    Si tiene una rabieta, no le prestes atención. Limítate a recordarle lo que se espera de él.  
         
    Nunca entres a rebatir un chantaje emocional del niño, tipo : "Mamá, es que ya no me quieres".  
         
    Exprésale a tu pareja tus emociones con relación a lo que está ocurriendo.  
         
    Recompénsate cada vez que hayas logrado zafarte de la presión emocional de tu hijo y te hayas mantenido firme.  
     

Laura García Agustín : "Educar a los más pequeños"